Nuevo blog

Estamos de estreno, tenemos nuevo blog!!!!


De momento podreis encontrar en él, entradas de este blog, mejoradas. Espero que os guste mucho más y que sigaís disfrutando de él. 
Cualquier sujerencia, opinion, crítica que tengaís será bienvenida.

De mudanza

Para mis lectores habituales.....NO, no es que esté desaparecida después de mi viaje hasta Oceania
ESTAMOS DE MUDANZA!!!!


Después de meditarlo seriamente llegué a la conclusión de que este blog en blogspot ha llegado a su fin y tomé la decisión de que era hora de moverlo a wordpress y hacerlo más interesante y bonito. Así que estoy como una loca reescribiendo las 200 entradas que hasta la fecha había publicado aquí.


En cuanto esté presentable os pondré un enlace aquí al nuevo blog para que podais cotillearlo. Algunas personas que ya han podido echarle un ojo dicen que es realmente bonito.


NOS VEMOS PRONTO

cierre temporal

De nuevo pasaré una temporada larga fuera, de un lado para otro esta vez, entre Europa y América. Además el blog lleva dos años en marcha y sentía la necesidad de un descanso. Así pues habreis visto que hace un mes que no publico entradas y aunque tengo algunas de ellas en marcha, he decidido que hasta marzo no lo retomaré.

Muchas gracias a todos los que lo leeis, espero que los archivos os ayuden y os den algunas ideas para futuros viajes y que en unos meses me sienta lista para volver y contaros más aventuras.

Un beso muy grande!!

Pula

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Pula es una pequeña ciudad que se encuentra en la punta de la península de Istria. No sé por qué todos teníamos muchas expectativas en ella, todos la considerábamos como algo fundamental en nuestro viaje (de hecho nuestra primera idea fue intentar encontrar alojamiento aquí para toda la parte del viaje que discurría por Istria por tratarse de la mayor ciudad de la península), y nos decepcionó bastante.
Su historia se remonta a hace 3000 años cuando se creó el asentamiento, y luego en el V a.c. los romanos montaron la primera fortificación. Por lo que muchos de los atractivos de la ciudad son restos romanos, entre ellos, la arena de Vespasiano, varias puertas de la ciudad antigua, el templo de Augusto y el foro.

La Arena de Pula tiene la fama de ser el 6º anfiteatro más grande que se conserva de la época de los romanos y lleva con ella su fama de impresionante. Bueno pues no lo es. Lo primero que fuimos fue encaminarnos directos al anfiteatro donde con la entrada dan una audio guía. Está muy escenificada con sonidos de batallas y leones, pero es que no soporto las audio guías porque no te dejan ir mirando y asimilando a tu tiempo. El caso es que a nadie le despertó un interés inusual, quizás puede ser que se deba a que el estado de conservación del monumento es crítico pues hasta hace poco las piedras se sacaban y usaban para construir la ciudad.
La entrada también te permite ir a las cuevas cercanas (sin salir del monumento) que sí que me llamaron un poco más la atención. Las tienen montadas como museo de las excavaciones llevadas a cabo en toda Istria y sobre todo se muestra la obtención y almacenamiento del aceite y el vino que tenían en la época.

Seguidamente subimos al castillo que domina la ciudad, atravesando una de las antiguas puertas romanas y subiendo por un bosque. Se trata de un fuerte del siglo XVII del estilo de estrella, Vauban francés. Idem, ni las vistas, ni la vegetación que lo rodea a modo de bosque salvaje, ni las ruinas llamaron nuestra atención.
Y con esta sensación de desencanto nos fuimos hasta la plaza central del ayuntamiento a tomarnos unos cafés a la sombra de una terraza y fue aquí donde empecé a encontrarle algo de encanto al lugar. Entre varios edificios, típicamente de prieda beige del país, con sus venecianas de discretos colores en las ventanas y con arcadas en los soportales que conformaban la plaza, se encuentra un pequeño templo de Augusto, como perdido en medio de la modernidad. A sus pies además se instaló una banda de música que empezó a tocar canciones típicas sicilianas. Si verdaderamente hay un rincón de Pula que me pareciese mágico fue este.

El resto del paseo por la ciudad no aportó mucho más, he de decir. A través del adoquinado suelo, de un pueblo con claras influencias italianas en su arquitectura, apenas nos llamó la atención la catedral muy románica, cuadrada y sencilla (con el campanile separado cual  costumbre arquitectónica en Italia) y por lo demás sigo diciendo que era una ciudad bastante normalita. Por no decir el resto de las puertas romanas, o el arco del triunfo, que apenas pudimos contemplar de hecho ya que en la ciudad parecía estarse celebrando un festival de música callejera y en todas las plazas había grupos de música cantando, y por supuesto las calles abarrotadas. Así que nos distrajimos de hacer turismo finalmente y nos pusimos a disfrutar del ambiente festivo que esa semana de agosto inundaba la ciudad.

Montecarlo

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Aunque el principado de Mónaco se trate de uno de los países más pequeños del mundo (el segundo después del Vaticano) y su superficie esté completamente urbanizada, en él se distinguen dos sectores; Montecarlo y Mónaco (uno en una montaña y otro en la otra) unidos por el puerto conocido como la Condamine.

Si me preguntan por mi opinión sobre el país en general, pues salvo lo exótico de poder decir que has estado en otro país, lleno de ferraris y porches, por lo demás es totalmente prescindible. El paisaje urbano no es otro que el de Denia lleno de torres de apartamentos, un puerto con demasiados yates pero quizás con unos cuantos palacetes más. Es que a cada paso que daba no se me quitaba la idea que estaba como en un parque de atracciones o una especie de Disneyland para ricachones.


En concreto es en Montecarlo donde se agolpan palacetes estilo siglo XIX (aunque supongo que realmente la construcción es mucho más moderna) y por supuesto, la atracción central en el medio de todo es el gran casino. Se encuentra en lo alto de la montaña y a el se accede por la parte de atrás precedido por una gran avenida ajardinada llena de fuentes, palmeras, una combinación muy kitsch de luces y selección de coches aparcados en su puerta (todos deportivos, desde masseratis hasta porches). Es en este mismo palacio, pero por su parte delantera que da directamente sobre el acantilado al mar, donde se encuentra el palacio de la ópera. Una vez de cerca pude ver que efectivamente se llama la Sala Garnier, y es que el edificio fue construido por el arquitecto Charles Garnier, y claramente recuerda (aunque éste es de dimensiones mucho mayores) al antiguo palacio de la ópera de Paris, aunque mucho más opulento con sus pinturas doradas y esculturas, curiosamente, es un lugar bonito. Al casino también se puede entrar aunque solo sea de visita y es que no deja de ser el interior del palacio ricamente decorado, si entras en las salas de juegos ya tienes que pagar (dependiendo de cuanto se apueste en la sala), pero eso sí incluso para darte solo una vuelta la estricta etiqueta es requerida.
Alrededor del gran casino pululan las tiendas hiper-caras de lujosas joyerías y grandes diseñadores como Dior, Prada y compañía, sobre todo por la zona cercana a las terrazas del casino y el Auditorio Rainieri (que son muy buenos miradores por cierto para ver el otro lado, justo en frente se levanta el castillo de la ciudad de Mónaco) Me sorprendió que mientras intentaba curiosear los escaparates el polaco me dijese exactamente lo mismo que dijo mi padre cuando mi madre y yo hacíamos lo propio en Florencia, algo así como "mira todo lo que quieras con calma que como no puedes comprarte nada"
En el auditorio está uno de los múltiples ascensores que conectan la ciudad, puesto que está construida directamente ganándole altura a la roca, éste da justo al final del famoso túnel del circuito de fórmula 1 cerca del puerto. Y otro gran ascensor es el de la gare, que encontramos por casualidad ya que aparcamos el coche en el parking de la estación en la planta, atención al dato, -13. Como nada más aparcar no sabíamos hacia donde ir, salimos en la planta 0 que justo da a los Jardines Exóticos, otra de las grandes atracciones de esta montaña. Se trata de uno de los muchos jardines de Mónaco, donde hay bastantes plantas exóticas y el paseo es único debido a la altura a la que se encuentra sobre la ciudad.

Larochette

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En verdad se trata de un sitio muy mono al que jamás tuvimos la intención de ir. Pero como en la Ciudad de Luxemburgo no había sitio en el albergue, esta vez nos vinimos a este pequeñísimo pueblo del ducado de Luxemburgo a tan solo 20 minutos de su capital (y a 40km de Trier) El caso es que desconocíamos por completo sus bondades, para nosotros en principio era punto estratégico para dormir. Desde Alemania nos invadió una densa niebla, para llegar al pueblo teníamos que ir por carreteras secundarias encajonadas entre paredes rocosas, parándonos a leer todos los carteles y visibilidad nula, pero según llegamos a nuestro destino, antes de darnos cuenta de que después de tanto sufrimiento ya habíamos llegado a él, dijimos desde el coche, "uuuuy pero que pueblo más mono es este... alaaa mirad en lo alto hay un castillooo enorme" Y si las primeras impresiones son las que cuentan, esta es la primera que nos dejó Larochette, las casas blancas iluminadas en la niebla por los farolillos amarillos rodeada de un denso bosque del que en cualquier momento te esperarías que saliese un lobo y en lo alto del rocoso acantilado la imponente silueta de un castillo medio en ruinas.

Al centro de la población lo llaman Bleech, donde las típicas casas cuadradas de dos plantas, pintadas de colores pastel con sus tejados de pico negros pueblan las pequeñas calles. Justo en el cruce de las dos carreteras a lo largo de las cuales el pueblo discurre, se encuentra la pequeña iglesia construida en el 1860 en un estilo neorrománico. Lo realmente más llamativo de ella son los frescos art nouveau que tiene dentro del coro. Y cerca del saliente rocoso está el pequeño río entorno al cual la ciudad creció (realmente muy pequeño pero es un bonito paseo, donde Fu y yo encontramos la casa de nuestros sueños, una en una isla en mitad del río donde habían hecho unas presas y el agua caía en cascada). Justo allí se encuentra la antigua estación de ferrocarril, en una bonita casona blanca con enormes ladrillos rosas tan solo en las esquinas donde hay información de los miles de paseos que se pueden dar, que es por lo que la gente viene a este lugar. Y es que lo que más vale de este enclave es que se encuentra en pleno Parque Natural Germano Luxemburgués, esta pintoresca zona, conocida como la Pequeña Suiza Luxemburguesa (sinceramente, no tengo ni idea de donde le ven el parecido con Suiza), está llena de bellezas naturales: frondosos bosques de hayas, carpes, pinos, abedules y robles, sotobosques de helechos, brezos, arándanos, torrentes tumultuosos, y húmedos pastos. Todos los caminos están muy bien marcados y van desde uno de 36km a muchos muy asequibles de 3-4 horas.
Nosotros quisimos probar con el que sale detrás de la iglesia subiendo la montaña que hace de mirador natural al castillo y los restos de la fortificación que hay en otra montaña más al sur.

Y es cierto que casi toda la ciudad parece girar entorno al castillo, o lo que queda de él. En tiempos del imperio romano al parecer ya se construyó algo en la misma roca, la fortificación que podemos ver hoy en día es del siglo XI y dominan 150 metros más arriba del resto del pueblo, en una colina de piedra horadada por el río White Ernz. Aunque tiene muchos senderos para poder subir a pie, nosotros nos decidimos a llegar hasta el en coche, lo que nos permitió atravesar uno de los bosques de hoja caduca más bonitos si tenemos además en cuenta que era otoño así que estaba de rojo intenso, y que seguía habiendo niebla, con lo que parecíamos caperucitas al encuentro del lobo.
Al llegar arriba nos encontramos en una gran explanada y justo delante de nosotros una especie de torreón enfrentado al castillo, del que baja un puente levadizo que cruza un foso. El foso, es muy curioso claro, porque el castillo realmente está encaramado a la roca del acantilado por tres partes, así que dudo mucho de que tuviese agua en su tiempo. Detrás del foso ya se levanta la muralla que rodea toda la fortificación. El castillo en sí consistía en cinco edificios de los que cuatro están en ruinas y solo uno está reconstruido el Or Chrieschinger Haus. En esta parte se exhibe más o menos cómo sería la vida en el siglo XII, con un salón, comedor, habitaciones...

Vigo


Aunque este blog surgió con un propósito muy concreto; una mezcla de diario de viajes para los amigos y sobre todo para que gente como mis padres encontrase información en su idioma, sobre lejanos lugares. Mis lectores del extranjero me azuzan para que escriba sobre España (y también que lo traduzca). Aunque esta última parte de la petición tal vez tenga que esperar un poco, de lo segundo que voy a hablar es de otro sitio donde desde siempre he pasado mis vacaciones de verano. Y desde siempre en este caso significa absolutamente todos los años desde que tenía 5 meses: Vigo.

La ciudad de Vigo está en Galicia, situada en la mitad de la ría a la que da nombre y que va desde las Islas Cíes (Parque Nacional) hasta la ensenada de San Simón, con el estrecho de Rande y un sinfín de villas marineras a ambos lados, así como numerosas playas (la mayoría con bandera azul), solo que para llegar a ellas hay que salir de la ciudad. La más cercana, y prácticamente poblada por portugueses es la macro playa de Samil, típica playa que tiene miles de puestos chiringuitos incluso piscinas al lado. Personalmente no me gusta, y agradezco mucho más las miles de pequeñas playas, más tradicionales que hay a partir de aquí, casi siempre no muy llenas, llenas de algas y conchas en la orilla y de barcas de pescadores.

La ciudad la he ido viendo cambiar con mis propios ojos pero aunque siempre fue puramente industrial, poco a poco va perdiendo su parte marinera. Aún así sus principales pilares son la citroën y el mar, es uno de los puertos pesqueros más importantes y los astilleros siempre están en continua expansión (también el puerto deportivo). Y con ello lo que predomina en la ciudad son los palacetes de cuatro plantas de una latente burguesía de principios del XIX que daba muestras de su poderío con las lujosas residencias que imitando las de Viena, París o Berlín, y con ellos las grandes avenidas ajardinadas. Una de las cosas que se ha de cuidar cuando se pasea, es mirar de vez en cuando para arriba, porque a cada paso que das te encuentras verdaderas fachadas de edificios modernistas, que pueden pasar de largo. Y realmente la ciudad es con mucho tesoro modernista, la belle epoque llegó en el año 1906 y apareció como un estilo acorde con la mentalidad cosmopolita y emprendedora de la Galicia de finales del Siglo XIX y principios del XX.

La plaza de Compostela es quizás el rincón que mejor describe la ciudad, con su parque de palmeras, los edificios y el olor a mar (ya que se encuentra muy cercana al puerto)
Realmente poco queda del antiguo Vigo marinero tan solo la zona del barrio del Berbés que queda por el mercado de la piedra y la concatedral. En este entramado de pequeñas calles las casas son pequeñas con blasones, y los balcones tienen miradores acristalados.
Justo en frente se encuentra el puerto. A pesar del gran tráfico que existía ya en Vigo hasta el 1853 no se empezó a desarrollar un  muelle en condiciones, llamado el muelle de la piedra, al que en el siglo XX le fueron añadiendo ampliaciones junto con un edificio náutico. Hoy después de varios rellenos, y muchos embaldosados nuevos, la zona recibe el nombre de área náutico-deportiva, alberga el principal puerto deportivo de la ría y es sobre todo un precioso lugar para pasear, lo han dejado bonito aunque muy moderno. Al lado del edificio náutico han construido un monstrenco de centro comercial que no pega ni con cola, pero lo más bonito es la terraza del edificio de aduanas, un lugar realmente precioso para ver toda la ría y las islas. Y por las noches esta zona es genial, se llena de terrazas de copas y gente, incluso en invierno, ya que aquí el clima es muy suave.

En la zona más moderna de la ciudad, curiosamente, se encuentra la parte más antigua de Vigo, el castro. El asentamiento original en la ciudad empezó aquí en época de los celtas, pero poco a poco se fue expandiendo. Pero poco a poco empezó a sufrir ataques, sobre todo de piratas en la época que empezó a crecer su puerto con el comercio con américa, así que la población volvió a refugiarse en el castro, donde crearon una fortificación. Se trata de un enorme parque en lo alto de una montaña que destaca por ser uno de los mejores miradores para ver toda la ría.